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Ante las encuestas que advierten que los republicanos sufrirán derrotas significativas en las elecciones intermedias del 3 de noviembre, el presidente Donald Trump presentó demandas judiciales contra 30 estados por no entregar al gobierno federal su padrón electoral.

Incluso Donald Trump amenazó con encarcelar a funcionarios de California y advirtió que si su partido, el Republicano, no gana en Alaska y Minnesota, impedirá que los resultados sean contados y certificados por las autoridades electorales.

Cuando le preguntaron si respetaría los resultados de las elecciones de la próxima semana, el mandatario respondió: “lo haré si son honestas”. Y es que 7 de cada 10 votantes no confían en que Trump acepte los resultados si su partido pierde, según un sondeo de ABC News/Washington Post.

En entrevistas con personas de diversos sectores –académicos, observadores, activistas, jubilados, trabajadores de la salud y maestros– en varios estados en las pasadas semanas, La Jornada escuchó esencialmente el mismo mensaje una y otra vez: “el (presidente) desplegará la Guardia Nacional para bloquear el conteo de votos o confiscar urnas si van perdiendo los republicanos”.

Las demandas judiciales no están funcionando para el mandatario. De 30 denuncias, 27 han sido descartadas por jueces; dos juzgadores de California han expresado escepticismo sobre las amenazas del gobierno federal de encarcelar a funcionarios locales si no entregan boletas de ciertos distritos al gobierno federal.

Los estados de Alaska y Minnesota han acudido ante tribunales para frenar el intento de la Casa Blanca de anular los sufragios de sus residentes. En Estados Unidos, las elecciones federales –legislativas y presidenciales– son administradas por los gobiernos estatales, cada uno con sus propias reglas y hasta su maquinaria.