“If you Want Blood You Got it”, fue lo primero que se escuchó en el Estadio GNP cuando AC/DC reapareció en México con la guitarra de Angus Young, de 71 años, igual de armoniosa que siempre y la voz de Brian Johnson, de 78 años de cantar para esta banda del heavy metal.
Nadie podía resistirse a cantar, a bailar, en la zona más cercana al escenario. Literalmente, como anunció otra de sus canciones, Demon Fire, liberaron al demonio, a la bestia, que empezó a lanzar cerveza y a brincar en todas direcciones, en un estadio que albergó a 65 mil personas.
Ha pasado mucho tiempo en México. ¿Quién está listo para rock n’ roll esta noche?, pues vamos a ello”, dijo Johnson, saludando por primera vez a su gente, antes de lanzar el primer clásico de su discografía: Back in Black.
Shot Down in Flames estalló en la guitarra de Young, que fiel a su estilo, salió todo de rojo, bermudas, saco elegante y boina, con su melena larga y su gesto siempre desencajado: como rabioso, bailando, utilizando toda la tarima para hacer su típico paso, el brinco hacia adelanto con un solo pie y pateando con el otro; la gente aplaudía el acto siempre icónico.
Las canas no les quitan el carácter, pues entre el público, siempre que enfocan a uno de los dos líderes, se deshacen en gritos y aplausos, y al finalizar el tema, el grito se vuelve unánime “Oé, oé, oé, oé, AC/DC”
“Bien, bien, bien, bien, México. Thank you. Let’s go”, gritó Brian, y entonces bajó la campana desde lo alto del escenario y todos desde ahí sabían qué venía: Hells Bells, las campanas del infierno, y ahí los cuernos de diablo también volaron entre los fans, cuyas diademas de diablito ya iluminaba de rojo todo el graderío.
La fiesta no paró entre el público, ya fuese en medio de la pista, o en las gradas, pero eso no era lo impresionante, pues ahí entre su gente si había muchos fans de siempre, los de toda la vida, canosos barbones y mayores, pero también, y en su mayoría, jóvenes y niños, la nueva generación que lucía incansable.