Donald Trump no ha pisado un solo estadio mundialista, pero ya dejó su huella en el máximo torneo del fútbol. Reconoció que pidió al jerarca de la FIFA, Gianni Infantino, que se levantara la suspensión a Folarin Balogun, quien jugó sin evitar la derrota por 4-1 ante Bélgica.
El máximo goleador de EU tenía tarjeta roja por pisar a un rival bosnio en la ronda previa, lo cual le impedía participar en el partido de octavos de final, pero gracias a Trump y la complacencia de la FIFA le levantaron el castigo. Pudo jugar, pero ni su presencia en campo evitó que Bélgica los eliminara del mundial.
Desde Europa llovieron las críticas. Pero los Diablos Rojos se cobraron una revancha lenta y meticulosa: arrollaron a los locales en Seattle para citarse con España en la instancia de los ocho mejores.
La eliminación del Team USA, que sigue a las caídas de México y Canadá también en el quinto partido, deja a la justa mundialista sin ninguna de las tres naciones organizadoras.
Luego de 24 horas de una controversia que traspasó las fronteras del fútbol, la presencia del indultado Balogun tuvo el efecto exacto de las maldiciones: empequeñece a Estados Unidos.
Los locales no pudieron responder ante la furiosa salida del conjunto belga e incluso se dispararon en el pie con un error en la salida del arquero Matt Freese, que permitió a los locales una ventaja inalcanzable.
El presidente de la FIFA, Gianni Infantino, miró desde un palco el resultado de un encuentro marcado por la insólita decisión de su organismo, el cual dejó en suspenso la sanción de un partido al atacante estadounidense.
Bélgica, que pugnó en los despachos para que se mantuviera la sanción a Balogun, reivindicó su papel como una potencia emergente de Europa con un triunfo que la coloca en el camino de la Furia Roja, con la que chocará el viernes en Los Ángeles.