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En Caifanes no son de festejos, ni de celebrar efemérides, “somos más bien introvertidos”, pero los 40 años que cumplirá la banda el próximo año, no pueden pasar desapercibidos “y podamos hacer algo divertido para nuestro público”.

Así lo aseguró Saúl Hernández, quien dijo que el tour ininterrumpido que realizan desde hace años, podría dar forma a una Gira de la gratitud, para celebrar cuatro décadas de ser un fenómeno musical y referente del rock nacional, que estaría dedicada a la raza, como el intérprete, suele llamar a sus innumerables y fieles aliados.

“Sería un gracias por estar con nosotros, por compartir lo que tenemos, lo que somos, lo cual es algo muy fuerte y poderoso; es un regalo de los dioses.

Queremos agradecer al destino, al eterno, a quien tengamos que hacerlo, porque además físicamente todavía podemos hacerlo; a veces estamos hechos pedazos, pero te subes al escenario y cambia todo, es algo mágico todo lo que pasa ahí.

Sí, nos merecemos un festejo ya que nunca lo hacemos”, aseguró el mítico cantante y compositor.

Hernández, también guitarrista y líder de la banda, surgida en enero de 1987, en una época convulsa y todavía con los estragos de la censura al rock, que tuvo “su primera tocada” en abril del mismo año en Rockotitlán.

Reflexionó en entrevista exclusiva con La Jornada, sobre los inicios de la agrupación, el camino de altibajos, el material que se encuentra inédito, de la necesidad de abrir espacios para que las nuevas bandas tengan un escaparate, así como de las exitosas presentaciones de Caifanes – la mayoría con sold out– en el país y en el extranjero.

Además, “la presencia continúa” de la banda en la Ciudad de México, destacó Hernández, tendrá una multitudinaria fecha el 11 de julio próximo, en el Estadio GNP Seguros, donde llegarán por segunda ocasión, en solitario, para llevar a un viaje sonoro y “entregar el corazón” a sus seguidores con himnos que se han perpetuado desde sus primeros demos como Mátenme porque me muero o Cuéntame tu vida.

El cantante, de 62 años, comenzó la charla expresando su agradecimiento a los miles que asisten a sus conciertos “con ganas de querer vernos tocar, lo cual es un regalo; además parte de nuestro público son niños y jóvenes, que cantan y conocen las letras de las canciones y, lo único que puedo hacer es subirlos –como algunas veces ha pasado– al escenario, para que disfruten y canten con nosotros”.

Puntualizó: “Esos momentos nos enchinan la piel, se nos hace un nudo en la garganta; no hay Grammy, no hay premios, no existe nada que se compare con todo estos momentos. Los pequeños están creciendo con nuestra música y con la de otras bandas como Maldita Vecindad, Zoé, entre otros grupos del rock nacional”.