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Estados Unidos no se conforma con ser uno de los anfitriones del Mundial. En su estreno en Inglewood, dejó claro que quiere quedarse con el protagonismo de la fiesta que comparte con México y Canadá; derrotó 4-1 a Paraguay.

Aquí no hubo color como los sombreros que volaron en la inauguración de México. En Los Ángeles, lo que impone no es el ambiente ni el rival: es el propio estadio, un gigante que convierte el espectáculo en parte del resultado antes de que la pelota ruede.

Con su pantalla gigante de 6 mil 500 metros cuadrados que parecía envolver el partido, el equipo de Mauricio Pochettino transformó la inauguración en una declaración de poder con un contundente 4-1 sobre Paraguay. Un aviso de que su infraestructura, la producción y la escala del espectáculo, juegan de su lado.

Ni siquiera el show previo ni los últimos ecos del himno alcanzaron a acomodarse cuando el partido ya se había roto. A los 7 minutos, Christian Pulisic empezó a dibujar la jugada, Weston McKennie intentó la última conexión y Damián Bobadilla, en el intento desesperado por cortar el peligro, ponía el balón en su propia portería. 

Paraguay parece cargar aún con ese silencio prolongado de perderse 16 años de un Mundial. Ni la emotiva conferencia de Gustavo Alfaro ni las lágrimas de Diego Gómez horas antes alcanzaron para sacudir a un equipo que se vio superado desde el primer tramo, como si el tiempo se le hubiera congelado.

De esa forma, Estados Unidos jugó con otra velocidad. Principalmente por la banda izquierda. Con un Folarin Balogun encendido y un Pulisic que lo dejaba frente al arco en cada jugada, ponían el 2-0 tan rápido que Paraguay ya no podía sostener ni el aire.

Antes del descanso Estados Unidos ya se había lavado las manos. En la última jugada del primer tiempo, Balogun soltó un disparo que alcanzó los 99 kilómetros por hora y terminó por derrumbar cualquier intento de resistencia paraguaya. Doblete para él para colocarse a tres goles de igualar a Landon Donovan como máximo anotador estadounidense en Mundiales (5 tantos)

De poco sirvió el gol del paraguayo Maurício Magalhães, que lo festejó como si fuera un empate. En la última jugada Gio Reyna puso el 4-1 definitivo.  La primera función ya terminó, y dejó la sensación de que Estados Unidos no comparte el foco, lo administra.