La voz desgastada del octogenario presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, subió de tono cuando, frente a una plaza llena el pasado 19 de julio y con todos los reflectores encima, sentenció: “que se olviden; aquí no van a volver a haber elecciones”.
En ese momento, el acto oficial por el 47 aniversario de la caduca revolución sandinista dejó de ser un evento sólo protocolario y de rutina. “Ese discurso volvió a poner a Nicaragua en el foco internacional.
La crisis democrática y de libertades de mi país volvió a ser noticia”, opina Tamara Dávila, ex presa política del régimen de Managua, despatriada junto con otros 222 nicaragüenses que llevaban dos años en prisión, entre ellos los siete precandidatos a la presidencia, líderes de la oposición y figuras destacadas de los movimientos sociales, así como varios periodistas y curas.
Militante del partido opositor en el destierro `Unamos` (fundado por el ex vicepresidente Sergio Ramírez y Dora María Téllez), Tamara Dávila sostiene que ese discurso “sí ha sido un punto de inflexión que ha movido al mundo con la preocupación que genera un pronunciamiento contra la democracia electoral tan tajante”.
–¿Es el impacto que esperaban? ¿Cambia algo ese momento?
–Yo creo que sí. Un ejemplo: el Grupo Puebla, de personalidades progresistas como los ex presidentes argentino Alberto Fernández y Rafael Correa de Ecuador, las ex senadoras mexicana Beatriz Paredes y colombiana Clara López, entre otros, emitieron un pronunciamiento muy fuerte asegurando que en democracia no puede haber excepciones.
En la Organización de Estados Americanos (OEA) se prepara una reunión de cancilleres para discutir la crisis de Nicaragua para las primeras semanas de septiembre.
–¿Qué puede esperarse de esa reunión?
–Si se llega a dar, habrá oportunidad para que también Brasil y México puedan pronunciarse de manera importante y que finalmente se abra un proceso de negociación.
Organizadora en defensa de los derechos de las mujeres desde sus años universitarios, Dávila insiste: “los progresismos de América Latina tienen que abrir el debate sobre la democracia y las dictaduras en la región.
Si no, dejamos que sean Donald Trump y los gobiernos de derecha quienes lleven la delantera y aparezcan como los defensores de la democracia. Es complejo, pero hay que verlo en la perspectiva de que las izquierdas estamos en crisis y debemos encontrar un consenso en la defensa de lo que quieren los pueblos, el respeto a la soberanía popular. No es posible que las izquierdas en este momento se nieguen a ver lo que pasa en Nicaragua”.