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El Ébola no siempre empieza con sangrado, aunque tengamos la imagen de una enfermedad extrema, marcada por hemorragias, este padecimiento puede parecerse a otras infecciones más frecuentes, como la gripe. La Organización Mundial de la Salud dice que después pueden aparecer vómito, diarrea, dolor abdominal y alteraciones en la función del hígado o los riñones.

Una fiebre no sería motivo para sospechar Ébola, pero si esa fiebre aparece en una persona que estuvo recientemente en una zona con brote activo, o que tuvo contacto con alguien procedente de un área de riesgo, el escenario cambia. La enfermedad tiene un periodo de incubación de días. Esto significa que una persona puede entrar en contacto con el virus y no presentar síntomas inmediatos.