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En el condado de Madera, California, viven casi 100 mil personas de origen mexicano. Su actividad económica es esencialmente agrícola, por lo que el deporte no es una prioridad para los connacionales.

En ese lugar, desprovisto de centros de alto rendimiento o atletas de nivel internacional, nació Eduardo Herrera, hijo de padres migrantes y figura del atletismo mexicano en los recientes Juegos Centroamericanos y del Caribe en Santo Domingo.

“Mis padres se fueron de Michoacán cuando eran muy jóvenes y desde entonces trabajaron muy duro en el campo para poder darnos lo necesario.

Crecí en Estados Unidos, pero siempre se me inculcó el amor por el país de donde procede mi familia, tanto así que primero aprendí a hablar español y después inglés en la escuela”, relató el fondista.

En el Valle de San Joaquín, California, Eduardo se enamoró del futbol. En su primer año de preparatoria en Madera South High School formó parte de la selección escolar, hasta que un entrenador lo invitó a participar en carreras de campo traviesa con el objetivo de mejorar su condición física.

Participó una vez y nunca dejó de correr. Lo que vino después fue una escalada sin freno.

Herrera se convirtió en subcampeón estatal en los 5 mil metros a los 17 años. Después, la Universidad de Colorado lo reclutó para sus Buffaloes, y se mudó para continuar con sus entrenamientos.

Al terminar su formación profesional se incorporó al Under Armour Dark Sky, donde tuvo oportunidades a las que pocos deportistas latinoamericanos acceden.

Sus padres le mostraron los sacrificios del trabajo en el campo, lo que hizo que se sintiera más orgulloso de sus orígenes. Decidió esforzarse y representar a México a pesar de tener la oportunidad de competir por las barras y las estrellas.