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Al finalizar su gira de seis días en España, el papa León XIV hizo un llamado a humanizar un fenómeno que también provocó tragedia y dolor. El líder religioso volvió a Roma después de un pequeño incidente en su avión que le obligó a retrasar su retorno una hora.

En su último acto, el papa León XIV volvió a reunirse con migrantes que han sufrido en carne propia la dureza de la travesía por el mar Mediterráneo, una de las más letales del mundo y que cada año se cobra la vida de miles de personas.

“Todos, de algún modo, somos migrantes, somos peregrinos en camino a la patria celestial, por eso ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno”.

Aseguró lo anterior ante los propios protagonistas de este fenómeno, que tiene entre sus epicentros las Islas Canarias, pero también hay otros escenarios donde se registran de forma cotidiana escenas de drama o represión, como la frontera norte de México con Estados Unidos.

“Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos.

Integrar no significa borrar la historia de quien llega ni exigirle que deje atrás todo lo que forma parte de su memoria. Tampoco significa crear mundos paralelos, cerrados unos a otros, donde las personas conviven sin encontrarse realmente”.

Robert Prevost apeló a que la conciencia humana “no puede permanecer indiferente ante las víctimas de los naufragios y de la falta de ayuda, ante esos cementerios del mar. Cada vida perdida en estas rutas es un fracaso para la familia humana”.

E interpeló directamente a las mafias que trafican con seres humanos: “A quienes organizan rutas de muerte, trafican con personas, retienen documentos, explotan trabajadores, amenazan mujeres, engañan familias y convierten el sufrimiento ajeno en negocio, ¡deténganse!. ¡Conviértanse!”