Cuando las luces del Estadio Azteca se apagaron, dos pantallas se encendieron en el escenario con la imagen de un cielo nocturno, cuyas nubes se movían con el viento. Era como si la escena anunciara que Elton John, el cantante británico de 79 años, llegaría a su cita con el público mexicano como un superhéroe.
Cuando el humo comenzó a disiparse y tres luces apuntaron al centro del escenario, la figura de Elton John apareció sentado junto a su piano, enfundado en un traje blanco y con lentes rosados. Esperó el momento preciso, volteó hacia el público y abrió los brazos para recibir la ovación que surgía de las tribunas.
“Es la hora de tocar para ustedes. Quiero decirles gracias. Gracias por venir. Los extrañamos. Una y otra vez, los amo. Gracias por esto”, dijo antes de comenzar un recorrido de canciones sobre el amor, la fama, la juventud, la libertad y la música.
El segundo y último concierto del cantante en el país, con el que se despide de los escenarios tras más de 60 años de carrera, tuvo un tono nostálgico; El escenario fue el mismo donde se presentó por primera vez en México, en noviembre de 1992.
Entre el público, los asistentes grabaron buena parte del espectáculo con sus teléfonos para conservar el recuerdo. En las pantallas se proyectaban imágenes de quienes coreaban las canciones, se mecían al ritmo del piano y despedían al artista con la mano.
Uno de los momentos de mayor intercambio con el público ocurrió con Crocodile Rock. Después de las primeras estrofas, Elton dejó que las gradas se apoderaran de la canción.
Al mismo tiempo, en las pantallas aparecieron imágenes alusivas a México: una pareja bailando una estampa jalisciense, hombres vestidos de charro, una mujer con una playera de la selección mexicana y jóvenes con la bandera nacional.
Para entonces, el británico llevaba una hora y media sobre el escenario y tenía al público entregado. Después interpretó Saturday Night’s Alright for Fighting, I’m Still Standing y Cold Heart.
Antes, uno de los momentos más coreados había sido Rocket Man (I Think It’s Going to Be a Long, Long Time). Mientras Elton John encabezaba el coro del estadio, las pantallas alternaban imágenes de la Tierra vista desde el espacio con escenas del cantante frente al piano y sus músicos.
La canción terminó entre las luces de los teléfonos de los asistentes y un solo de piano que estremeció al recinto.