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Cincuenta años después de que Sylvester Stallone lograra una de las hazañas más improbables de la historia de Hollywood con Rocky, ganadora del Oscar, el actor todavía se identifica con el personaje que para encarna al marginado que demuestra que todos los escépticos estaban equivocados.

Pero ya no afirma ser el desvalido: “sería muy hipócrita decir que eres un perdedor; soy un afortunado”, comentó en entrevista.

Stallone, quien cumplió 80 años en julio, es uno de los actores y cineastas más exitosos de la historia. Ha generado miles de millones de dólares con franquicias como Rocky, Rambo y Los indestructibles, e interpretado a algunos de los personajes cinematográficos más memorables. Sigue trabajando: protagoniza la serie de Paramount+ Tulsa King en el papel de un mafioso.

Stallone ha estado reviviendo sus primeros años de actor y guionista con dificultades económicas que, de alguna manera, convenció a United Artists para que financiara su modesta historia sobre un boxeador mediocre que aspira al campeonato de peso pesado, e incluso le permitieran protagonizarla a pesar de su escasa experiencia actoral.

Sus memorias, Steps, publicadas ayer, llegan a los cines menos de dos meses antes del estreno de I Play Rocky, una versión novelada y semiautorizada de su historia dirigida por Peter Farrelly, y protagonizada por Anthony Ippolito.

Rocky, que superó a Taxi Driver y Todos los hombres del presidente, entre otras, para ganar el Oscar a la mejor película, es uno de esos clásicos que parecen beneficiarse aún más de la historia que hay detrás; el propio viaje de Stallone, desde las calles de Filadelfia hasta el escenario de los premios Oscar, refleja a la perfección el improbable ascenso de su personaje.

Como escribe en Steps, fue un caso desafortunado, un niño no planeado ni deseado que pareció enfrentarse a un desánimo constante durante toda la producción de Rocky, cuando temía que cada día en el set pudiera ser el último.

Stallone se encontraba en Manhattan para promover su libro, pero pasa gran parte de su tiempo en la finca de Palm Beach, Florida, que comparte con su esposa, Jennifer Flavin. Incluso cuando habla de su extraordinaria fortuna, Stallone se expresa con un tono cálido, grave y desenfadado, una especie de jerga callejera privada que sugiere que no se lo cree del todo.

El año pasado, en el Kennedy Center, recibió un premio de manos del presidente Donald Trump, quien previamente había nombrado a Stallone, Jon Voight y Mel Gibson sus “embajadores” en Hollywood, espacio generalmente liberal.

Stallone ha contribuido tanto a republicanos como a demócratas, y se ha distanciado de los conservadores al abogar por leyes de control de armas más estrictas. También condena la guerra, incluida la de Irán, como una historia de enviar personas a una “machacadora de carne mientras el complejo militar gana miles de millones de dólares.

“Creo que hay que defenderse, ¿pero pasar a la ofensiva?”, interroga, aunque precisa que prefiere no ser conocido como una figura política. “Me encanta esa mentalidad común de simplemente intentar sobrevivir. Es algo noble”, dice.

Durante la entrevista también habló sobre el destino, la inseguridad y por qué probablemente le fue mejor después de haber tenido una infancia infeliz.

–¿Por qué escribir este libro?

–Me lo propusieron varias veces, pero lo que menos quería era escribir sobre mi vida. Es como una montaña rusa ambivalente. No siempre es un viaje placentero, y pensé: “¿Por qué soy conocido?” Por haber logrado este pequeño milagro en 1976, que está dentro de la categoría de inspiración. Como el personaje fue una inspiración, quería contarle a la gente cómo surgió todo.

Stallone asevera que fue muy difícil ver al pasado, “porque pasé 50 años enterrando esas cosas. Es como si te encontraras con una ciudad perdida y empezaras a convertirte en tu propio arqueólogo espiritual, excavando hacia abajo, y no es bonito.

Pero no quería que esto fuera un ‘Ay, pobre de mí’. Todo el mundo tiene problemas, y muchos peores que los míos. Sólo quería tocar la esencia porque todavía tengo este dilema. Si todo fuera realmente bueno, tal vez no estaría aquí, ¿sabes a lo que me refiero? Si no tuviera esa inseguridad que nos impulsa. Ya sabes, la inseguridad es una gran motivación”.

–Las personas con tu nivel de éxito, ¿crees que todas tienen esa sensación de inseguridad, esa ambición?, se le pregunta, a lo que responde que sí, principalmente los que están desesperados por mejorar y se esfuerzan constantemente.

“Por ejemplo, no tengo que ensayar mis diálogos hasta dentro de un mes, antes de empezar con Tulsa King. Me levanto todas las mañanas a las 5 de la mañana y estudio hasta que, literalmente, se vuelve como respirar. Probablemente sea inseguridad, pero así es como lo afronto”, subraya.

Se le comenta que los jóvenes conocen a Rocky. “Para mí ese es el mayor regalo. Sabes, escribes algo… sólo intento grabar algunas escenas conmigo mismo. Sólo intento escribir algo muy simple. Nunca esperé que se proyectará en más de uno o dos cines. Así que todo esto es un tsunami de buena suerte. (Rocky) conectó con algo de lo que no puede atribuirse el mérito”.