Seleccionar página

Estados Unidos acusó a Cuba de haber encabezado una extensa estrategia de «espionaje y subversión» dentro de territorio estadounidense durante casi siete décadas, en un nuevo episodio que profundiza el deterioro de las relaciones entre ambos países.

El señalamiento fue realizado mediante un informe especial difundido por el Departamento de Estado, en el que Washington sostiene que las operaciones de inteligencia cubanas lograron penetrar distintas estructuras gubernamentales y políticas estadounidenses a lo largo de varios decenios.

El documento asegura que «es una campaña que se ha infiltrado en las más altas esferas del gobierno de Estados Unidos», además de señalar que La Habana habría reclutado y formado «generaciones de activistas» y respaldado el «terrorismo de izquierda» como parte de su estrategia de influencia.

Las acusaciones forman parte del endurecimiento de la política del presidente Donald Trump hacia el gobierno cubano, en un momento en que la isla enfrenta una de las crisis económicas y energéticas más severas de las últimas décadas.

Diferencias se remontan a la Guerra Fría

Las tensiones entre ambos países comenzaron tras el triunfo de la Revolución Cubana en 1959. Aunque inicialmente Washington observó con cautela el cambio político en la isla, el contexto de la Guerra Fría llevó rápidamente al rompimiento de las relaciones.

Estados Unidos impuso sanciones económicas al gobierno encabezado por Fidel Castro, luego de la nacionalización de empresas estadounidenses. Como respuesta, Cuba fortaleció su alianza con la entonces Unión Soviética, consolidando un enfrentamiento político, militar e ideológico que se prolongó durante décadas.

El propio informe estadounidense reconoce que «La Habana nunca tuvo la capacidad de derrotar a Estados Unidos en un conflicto armado convencional», aunque sostiene que el gobierno cubano optó por otro tipo de estrategia.

«En cambio, los cubanos perfeccionaron un nuevo modelo para una larga guerra de desgaste, organizado en torno al espionaje, la infiltración, el sabotaje, redes de aliados y una infraestructura revolucionaria diseñada para volcar a Estados Unidos contra sí mismo», señala el documento.