Todos los jueves y domingos, decenas de personas se arremolinan en la entrada de un edificio del barrio del Vedado, en La Habana. Laura Mendoza abre la puerta y comienza a verificar sus nombres en una lista para entregarles las medicinas que le encargaron por WhatsApp.
El antihistamínico cetirizina, el diurético furosemida, el oftálmico timolol y el antibiótico gentamicina integran el largo inventario. Mendoza no cobra por ellos un centavo.
Farmacias comunitarias como “La medicina no se vende”, que dirige Mendoza, son una de las soluciones que los cubanos han encontrado para conseguir fármacos, uno de los problemas más serios que trajo aparejada la actual crisis, agudizada por el cerco energético y financiero impuesto por Estados Unidos desde enero.
Ofertas en Internet, grupos de WhatsApp o Telegram, plataformas de comercio y hasta puestos callejeros ocuparon el espacio de las farmacias estatales que, por décadas, fueron la única forma de adquirir los medicamentos a precios subsidiados.
La situación se ha tornado tan compleja que en julio las autoridades publicaron un decreto que autoriza el próximo funcionamiento de farmacias privadas, un cambio histórico en la salud pública en el marco de la política económica aperturista impulsada.
Desabastecimiento y mercado informal
“Hace unos años, aproximadamente seis, siete, era relativamente fácil encontrar los medicamentos en el sistema de farmacias”, explicó Cristina Díaz, una profesora de física de 27 años que acudió al proyecto comunitario de Mendoza para conseguir clonazepam para un familiar.
“Después, en las subsiguientes crisis de medicamentos…empezó a fallar mucho la disponibilidad”, indicó Díaz.
Lo que busca podría conseguirlo en el mercado informal digital, pero reconoció que los precios son “altísimos” porque “se juega con la necesidad de la persona”.
El cuadro básico de medicamentos del Ministerio de Salud Pública de Cuba incluye 603 productos, de los cuales se cuenta aproximadamente con poco más de una tercera parte. De este esquema, unos 400 son fabricados por laboratorios cubanos que importan la materia prima.
El Estado tampoco puede adquirir los blísteres o frascos donde los medicamentos van empaquetados y sufre el bloqueo de cuentas bancarias para importar porque cualquier transferencia desde o hacia Cuba es perseguida.
Más aún, en meses anteriores contenedores con insumos médicos quedaron varados en terceros países luego de que Estados Unidos amenazara a las navieras si tocaban puerto en la isla.