Cuando el negocio del fútbol desplaza silenciosamente a los miles de personas que dan identidad a los partidos, los torneos comunitarios son un espacio en el que el deporte vuelve a ser un juego, no sólo un producto, y donde una victoria puede permitir el acceso a quienes no siempre lo tienen.
Aunque intentó conseguir entradas para la Copa Mundial, y más tarde para el partido amistoso México-Portugal, los precios dinámicos impuestos por FIFA, las filas virtuales y la voracidad de plataformas de reventa que agotaron las localidades en cuestión de horas han transformado el sistema de ingreso a los estadios en un privilegio exclusivo de ciertos sectores sociales.
El pasado fin de semana, el estudiante de bachillerato en la Universidad La Salle ganó el torneo infantil comunitario Ollamaliztli con el equipo de Álvaro Obregón. Visores de la Federación Mexicana de Futbol destacaron su participación.
Como parte de los premios que el Gobierno de la Ciudad de México entregó a los ganadores en diferentes categorías, Peña recibió la invitación a hacer una prueba con las fuerzas básicas de Cruz Azul, su tercera cita con el profesionalismo.
“Cuando estuve en el América, luego en Mazatlán FC y Bravos de Juárez, los entrenadores decían que era muy chaparrito, por eso muchas veces no me escogieron. Me pidieron algunos datos, pero al final nunca tuve la posibilidad de quedarme”, dice a La Jornada con el balón Trionda bajo el brazo.