Seleccionar página

Desde hace 25 años, el nombre de Alejandro González Iñárritu se convirtió en un activo mexicano de reconocimiento mundial.  Su firma es sinónimo de cinematografía de primer nivel, pero también es una voz a la cual hay que escuchar para encontrar otras luces en la propia realidad.

Por eso, El Colegio Nacional sumó a sus filas al realizador mexicano, convirtiéndose en el primero de su oficio en formar parte del selecto grupo de científicos, artistas y literatos más destacados del país. 

El propósito es impartir enseñanzas que representan la sabiduría de la época, esforzándose porque el conocimiento especializado de cada una de las cátedras concurra, fundamentalmente, a fortalecer la conciencia de la nación, perpetuada en generaciones sucesivas de personas relevantes por su ciencia y virtudes.

 “Quiero agradecer a los miembros del Colegio Nacional y a todos los aquí presentes, muy queridos amigos, familiares, colegas, a mi esposa María Eladia, a mis hijos María Eladia y Eliseo, por acompañarme el día de hoy en un evento tan especial…

“El motivo de mi resistencia fue la prudencia, porque la sensación de sorpresa se mezcla con la humildad y uno debe de pensarlo dos veces antes de aceptar una responsabilidad así. Especialmente cuando acepté, me dijo Juan que tenía que dar este discurso de mínimo 40 minutos; eso fue lo más difícil, de hecho, es más difícil que escribir una película, porque es muy complicado explicarse a uno mismo.

Aún no estoy convencido de poseer los méritos necesarios para ocupar un lugar entre un grupo de mentes tan brillantes como las que tengo aquí adelante. Mis argumentos no se conjugan en verbos; no soy, después de todo, un hombre de palabras, todo lo que digo es en imágenes, en planos, en encuadres y silencios incómodos, ése es mi lenguaje”, señaló González Iñárritu.