No hay mayor golpe para la economía que las guerras. Ni las crisis financieras, ni los desastres naturales tienen tal capacidad para afectar la producción como este tipo de eventos, destacó el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Al dar cuenta que el número de conflictos activos en el mundo se ha disparado en los últimos años hasta alcanzar niveles no vistos desde el final de la Segunda Guerra Mundial y de la mano de ese repunte también lo ha hecho el gasto en defensa.
“Las pérdidas de producción derivadas de los conflictos suelen superar las asociadas con crisis financieras o desastres naturales graves” y “las secuelas económicas persisten incluso una década después”, apuntó el FMI en medio de un impasse en los ataques de EU e Israel a Irán.
Reiteró que el ataque de EU e Israel a Oriente Medio no sólo ha derivado en “una de las mayores perturbaciones en los mercados energéticos mundiales de la historia moderna”, sino que “inevitablemente conducirá a un aumento de los precios de los alimentos y a la inseguridad alimentaria”.
Adicional a los efectos de la guerra y que se han visto en los mercados del petróleo, el gas y los fertilizantes, el FMI puntualizó que los conflictos bélicos resultan en una pérdida acelerada de la producción.
Los territorios donde se libran los combates la ven caer en 3 por ciento al inicio del conflicto y luego las pérdidas acumuladas a lo largo de un lustro pueden alcanzar 7 por ciento, más que cualquier otro tipo de crisis.
“Las guerras imponen elevados y duraderos costes económicos y plantean difíciles disyuntivas macroeconómicas, especialmente para los países donde se libran los combates (…) el aumento del gasto en defensa impone difíciles disyuntivas presupuestarias que hacen que un buen diseño de políticas y una paz duradera sean más importantes que nunca”, expuso.
Y ese aumento del gasto en defensa apenas actúa sobre el consumo privado y la inversión relacionados a sectores de defensa, sin tener un efecto multiplicador en la economía. Incluso puede llevar a un aumento de la deuda en apenas tres años, pues estas erogaciones suelen financiarse con déficit (por lo regular deuda).
De acuerdo con un análisis del FMI, los auges en el gasto en defensa suelen durar casi tres años e incrementan en 2.7% del PIB, equivalente al avance que se plantea la OTAN para llevar esta proporción a 5% en 2035. Sin embargo, la resaca viene con una deuda que aumenta en promedio 7%, también en esos primeros tres años porque estas compras suelen financiarse con déficit.
El FMI puntualiza que el número de conflictos en el mundo está por encima de 60 y 40% de los países gastan al menos 2% de su PIB en defensa.