Seleccionar página

La tensión política que envolvía el debut de Irán en la Copa del Mundo, alimentada además por el conflicto con Estados Unidos, por momentos parecía que el partido sería apenas un capítulo más de una historia mucho más grande.

Afuera del estadio, entre banderas y pancartas, decenas de manifestantes apuntaban incluso a su propia selección. Pero cuando la pelota rodó, el fútbol comenzó a reclamar su espacio.

Fue Nueva Zelanda quien golpeó primero. Apenas al minuto 6’, Elijah Just encontró un resquicio en la defensa iraní y definió para adelantar a los oceánicos. El gol silenció por un instante cualquier ruido externo y convirtió al atacante neozelandés en el protagonista de la noche.

Irán tardó en acomodarse, pero nunca perdió la calma. Con la misma paciencia que mantuvo los cuestionamientos horas antes e incluso los gritos de los manifestantes afuera de su hotel la noche previa, fue encontrando caminos en el juego.

Ramin Rezaeian apareció para firmar el 1-1 y devolverle el equilibrio a un encuentro que se jugaba con intensidad dentro y fuera del estadio.