Javier Aguirre ya había vivido una noche histórica de México en un Mundial; sólo que aquella vez tenía los botines puestos. En 1986, en el Estadio Azteca, era futbolista de una Selección que hizo historia al avanzar por primera vez a los cuartos de final de una Copa del Mundo.
Aquella generación derrotó 2-0 a Bulgaria en octavos de final con el famoso gol de tijera de Manuel Negrete y una anotación de Raúl Servín. Aguirre estaba dentro de esa historia. 40 años después, regresó al mismo escenario desde otro lugar, el banquillo de entrenador de la Selección Mexicana.
Y volvió a aparecer en una página histórica. México se convirtió en el primer equipo de Concacaf en eliminar a una selección de Conmebol en un partido de eliminación directa de un Mundial.
El jugador que fue parte de la primera gran noche mundialista de México ahora es el técnico de una selección que abrió una puerta que llevaba décadas cerrada. En 1986, México buscaba demostrar que podía competir en casa. En 2026, busca demostrar que puede ir más lejos.
El futbol cambió. El uniforme cambió. La presión cambió. Pero Aguirre sigue apareciendo en los momentos donde México intenta romper una frontera.