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Lionel Messi jugó por última vez para Argentina. El capitán y protagonista de las mayores alegrías en la historia de su selección se despidió oficialmente en el Estadio Monumental de Buenos Aires, rodeado de banderas, camisetas conmemorativas, fuegos artificiales y las estrofas de un himno especialmente conmovedor, interpretado por un ex combatiente de la Guerra de Malvinas.

Su último acto dejó un sabor a despedida en la victoria sobre Benín (3-0), la sensación de que chicos y grandes perdieron al dueño de su cielo albiceleste. Fue el cierre de una historia que sobrevivió a derrotas, frustraciones y hasta una ruptura, pero que terminó convertida en uno de los vínculos más profundos del futbol mundial.

Atrás quedaron las épocas en que la gente pagaba fortunas por ver a un Messi cuestionado: decían que no cantaba el himno, que no sentía la camiseta y que parecía más español que argentino por su historia en el Barcelona.

Sin embargo, aquel chico escurridizo y de pelo largo, apodado la Pulga, alcanzó un nivel tan alto que parecía que los aviones le pasaban por al lado. Ganó dos Copas América (2021 y 2024), la Finalísima (2022) y el Mundial de Qatar, devolviéndole la gloria a su país por primera vez desde la hazaña de Diego Maradona en México 1986. 

A partir de ahora, pocos se animarán a pronosticar cuándo la Albiceleste volverá a llenar un estadio para un encuentro amistoso. El interés sencillamente no será el mismo. Para el adiós del capitán, la Asociación del Futbol Argentino (AFA) organizó una fiesta de agradecimiento en el recinto del club River Plate.

Las más 85 mil localidades se agotaron en menos de dos horas antes de enfrentar al combinado africano, un rival ubicado en el puesto 89 del ranking FIFA y sin apariciones mundialistas en su historia. Hubo tribunas atestadas, banderas gigantes y cánticos conocidos. “Olé, olé, olééé, Leeeo, Leeeo”, gritaron desde los chicos hasta los más grandes. 

Emocionado desde el trayecto en autobús, el último acto del astro rosarino reunió a diversas figuras internacionales que lo acompañaron en su camino a la gloria. Horas antes de levantar el telón, la Universidad de Buenos Aires distinguió al 10 con su máximo título honorífico, el doctorado Honoris Causa, en el predio de la AFA.

“Es un orgullo haberlo recibido”, expresó en conferencia de prensa el ídolo, quien en numerosas ocasiones admitió su pesar por no haber podido estudiar. A las afueras del recinto, decenas de seguidores desplegaron una enorme pancarta con su imagen y la leyenda: “La alegría de mi vida”, como si fueran portavoces de toda una multitud.

En las tribunas coincidieron camisetas de todas las épocas: la del Barcelona, la del título en Qatar, la del Mundial reciente en Estados Unidos, México y Canadá. Messi se conmovió con el himno, se le llenaron los ojos de lágrimas y contagió un nudo en el pecho a los presentes.

Fueron 21 años, 208 partidos y 126 goles —cifras inalcanzables en la historia de la selección— con los que cerró un ciclo que comenzó en agosto de 2005. En la misma noche se despidió el defensor Nicolás Otamendi -autor del 1-0 (48), a pase del 10- mientras la generación encabezada por Cristian Romero, Enzo Fernández, Julián Álvarez y Lautaro Martínez asumió formalmente el relevo.