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Mike Tyson construyó su leyenda a golpes. Con 44 nocauts, una mirada que intimidaba antes de iniciar la pelea. A los 59 años, el excampeón de los pesos pesados ha decidido pelear otra batalla. Esta vez, lejos de Las Vegas y sin cinturón en juego.

En un anuncio en blanco y negro de 30 segundos, Tyson aparece sin filtros. No hay luces, no hay público. Sólo la cámara y un hombre que desmonta su propia mitología física.

Estaba tan gordo y era tan desagradable. Comía cualquier cosa. Pesaba como 157 kilos”, dice con voz contenida. Luego añade: “Me odiaba muchísimo cuando estaba así. Sólo quería suicidarme”.

El atleta que alguna vez personifica la fuerza bruta confiesa una etapa marcada por la obesidad, el abuso de sustancias y la autodestrucción. La brutalidad ya no es física; es introspectiva.