Ella Laboriel era una mulata a go-go. Un alma garífuna que decidió ser chilanga la cual se atrevió a ser rocanrolera en México, en un tiempo en el que las mujeres no tenían lugar en ese mundo, dominado por los hombres y también por cuestiones de la piel.
Esperanza Laboriel López, quien adoptó su nombre artístico por la grandiosa Ella Fitzgerald, no sólo era cantante; era la dulzura hecha humana, que dejó huella con su voz, su presencia y una trayectoria marcada por el rock, el jazz, el blues, el cine, la televisión y hasta la conducción.
Una artista que surgió de una familia ídem. Su ascendencia hondureña, su espíritu de negritud y su esencia hicieron que su figura quede reconocida como una de las pioneras del rock en nuestro país.
El mundo del espectáculo de México la despidió con tristeza del plano físico tras anunciar su fallecimiento a los 77 años, en la ciudad de Tampico. Una enfermedad pulmonar venció su cuerpo, mas no su espíritu, al grado de ser una “figura fundamental de la música y la cultura en nuestro país”. Así la calificó la Secretaría de Cultura de la CDMX.
Era hermana de Johnny Laboriel, reconocido cantante con Los Rebeldes del Rock y como solista su otro hermano, Abraham, fue de los mejores bajistas del orbe que tocó para Michael Jackson, Madonna y Stevie Wonder, entre otras grandes estrellas. Su sobrino Abe Laboriel, actualmente es baterista de Paul McCartney.