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Rusia y Ucrania, con la mediación de Estados Unidos, retomarán negociaciones en Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, el 10 y el 11 de noviembre, anunció este martes en su cuenta en la red social X el emisario de la Casa Blanca, Steve Witkoff, primicia que confirmaron tanto Moscú como Kiev.

Según Witkoff, en clave electoral estadounidense, en esa reunión tripartita Washington busca avanzar hacia “un acuerdo de paz integral y duradero” que “garantice la seguridad para las generaciones venideras”.

De visita en Berlín, el presidente ucranio, Volodymir Zelensky, adelantó este martes que Ucrania se fija como prioridades lograr en Abu Dabi una tregua energética, otra relacionada con la navegación en el mar Negro, que tanto Ucrania como Rusia usan como vía para exportar sus cereales, y el intercambio de todos los prisioneros de guerra.

Mientras la Casa Blanca sigue elogiando en Washington el éxito de la misión humanitaria en Oleshki, que promovió Melania, la esposa del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para declarar una tregua temporal de Rusia y Ucrania que hizo posible evacuar el pasado fin de semana a cerca de 850 habitantes de esa localidad en la región de Jersón, la guerra en esa parte del mundo muestra una realidad distinta y mucho menos optimista.

Y esta realidad es que, concluida la tregua, Rusia bombardeó una escuela en la localidad de Komishuvaja, región de Zaporiyia, que funcionaba como centro de distribución de ayuda humanitaria, dejando al menos 31 muertos confirmados y decenas de heridos. 

Mikhaylo Semikin, jefe de la administración militar de Zaporiyia, en declaraciones a la prensa ucrania, mencionó este martes que aún hay “cerca de 50 desaparecidos”, pues según indicó Rusia “lanzó varias bombas guiadas F-300”, armamento que tiene una carga explosiva de hasta una tonelada y media y se utiliza para destruir búnkeres y otras estructuras fortificadas de cemento.

En el otro extremo, después de dos semanas de tácita aceptación de la petición de Trump de no bombardear instalaciones del sector energético ruso, Ucrania emprendió un masivo ataque con drones que dejó grandes incendios en dos de las cuatro grandes refinerías que abastecen de gasolina, diésel y otros derivados de petróleo la capital rusa, Moscú.

Se trata de las refinerías de Slavneft-YANOS en la ciudad de Yaroslavl, que el 17 de septiembre había suspendido operaciones tras otro ataque, y de Kostovo en la región de Nizhny Novgorod. Las otras dos instalaciones que abastecen el mercado de la capital rusa, la de Riazán y Kapotniya, también han sido atacadas en numerosas ocasiones.

Rusia, por su lado, esta madrugada lanzó 76 misiles, 59 de crucero y 16 balísticos, en un ataque masivo contra nueve regiones de Ucrania que causaron estragos tanto en objetivos militares y civiles, entre otros un hospital y un asilo en Zaporiyia.

Entretanto, decenas de personas, tras un rumor difundido en las redes sociales, acudieron a protestar en las afueras de Kiev junto a una casa donde supuestamente estaban detenidos y se torturaba a desertores del ejército ucranio. El comandante de la Guardia Nacional, Oleksandr Pivnenko, dijo que no era una “cárcel”, sino un centro de dislocación temporal de combatientes que reciben instrucción militar. Se sabe de cuatro personas que necesitaron hospitalización y la fiscalía general prometió investigar qué pasó ahí en realidad.

Y a todo esto, la Casa Blanca dio a conocer que Melania Trump se va a reunir en Washington con representantes de Rusia y Ucrania, el 5 de noviembre, para hablar de la misión humanitaria en Oleshki y sondear otras acciones similares, acaso —concluiría cualquier humoristaë se cree merecedora del premio Nobel de la Paz que se le negó a su marido.