El único consenso que hasta ahora registra la guerra entre Rusia y Ucrania –la llamada iniciativa alimentaria del mar Negro, que permite exportar los granos ucranios desde tres puertos – se logró mantener este jueves para los siguientes cuatro meses, con la mediación de Turquía y de la Organización de Naciones Unidas.
Tras semanas de incertidumbre acerca de si iba a renovarse o no el pacto de los cereales, cuyo plazo de vigencia vence el 19 de noviembre siguiente, los cuatro firmantes del acuerdo confirmaron su prórroga para los próximos 120 días. En orden cronológico, por Ucrania lo anunció el presidente Volodymir Zelensky; por Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdogan; por la ONU, el secretario general António Guterres; y por Rusia, la cancillería mediante un comunicado.
Ante la amenaza de hambruna en los países más pobres del mundo, la ampliación del pacto se considera una excelente noticia ya que, en medio de las hostilidades entre Moscú y Kiev y cerrado a la navegación el mar Negro, deja abierta la vía que, desde que entró en vigor en julio anterior, hizo posible sacar hacia 38 países cerca de 11 millones de cereales de los puertos ucranios de Odesa, Chornomorsk y Pivdennii, mientras en los silos hay todavía al menos igual cantidad de granos de la cosecha anterior.
El entendimiento alcanzado no es lo que querían ni Ucrania ni Rusia, pero es sin duda lo mejor que podría suceder en el actual contexto bélico, sobre todo después de que Moscú acusó a Kiev de utilizar el corredor humanitario para atacar con drones aéreos y subacuáticos la base naval de Sebastopol.
Aunque el Kremlin amagó con suspender “indefinidamente” su participación en el pacto, pocos días después reconsiderar su decisión al recibir seguridades de parte de Ucrania, presionada por Turquía y por la ONU, de que “el corredor humanitario no debe usarse con fines militares”, formulación que satisfizo a Rusia a pesar de que Ucrania no admitió haber atacado Sebastopol.
Kiev –y lo reiteró este jueves en Twitter su ministro de infraestructuras, Oleksandr Kubrakov– había planteado en el Centro Conjunto de Coordinación, instalado en Estambul, que el pacto se extendiera por un año y que se incluyera un cuarto puerto, Mikolaiv, desde el cual exportaba antes de la guerra 35 por ciento de sus alimentos.
Y Moscú, como recordó este jueves el viceministro de Relaciones Exteriores, Aleksandr Pankin, confía en que pronto se cumpla el segundo acuerdo de la iniciativa alimentaria del mar Negro, que se refiere al compromiso de la ONU de interceder para facilitar que se levanten las sanciones que dificultan las exportaciones rusas de alimentos y sobre todo de fertilizantes, los cuales aunque no figuran directamente en las listas de restricciones no pueden llegar a su destino por los impedimentos que afectan el transporte mercante, las transferencias bancarias, los seguros y otros aspectos logísticos.
En caso de fracasar las gestiones de Naciones Unidas –y tan sólo en puertos de la Unión Europea permanecen bloqueadas cerca de 300 mil toneladas de fertilizantes que Rusia, como gesto de buena voluntad, ofreció donar a los países más pobres, con la ayuda logística de Turquía–, dentro de cuatro meses el futuro del pacto de los cereales volverá a estar en duda.