Los gobiernos de Rusia y China manifestaron su disposición de apoyar a los talibanes a su regreso al poder en Afganistán. El embajador ruso en Kabul, Zamir Kabulov, anunció su reunión con los jerarcas talibanes en la capital afgana para que su país dialogue sobre el reconocimiento o no a la autoridad de los insurgentes en función de sus acciones.
“Los talibanes garantizan ya la seguridad del perímetro exterior de la embajada rusa. Mañana vamos a hablar de este tema a largo plazo. El reconocimiento o no dependerá de las acciones de este nuevo régimen. Vamos a mirar con atención hasta qué punto su enfoque de gobierno del país es responsable. Y las autoridades rusas sacarán las conclusiones necesarias», puntualizó.
El gobierno de Rusia dijo que no preveía una evacuación de su embajada en Kabul, asegurando que habían recibido «garantías» de parte de los talibanes sobre la seguridad de su misión diplomática, además, ha intentado estrechar sus relaciones con los talibanes en los últimos años y recibió en Moscú a sus representantes en varias ocasiones, la última el mes pasado.
Por su parte, China, que comparte 76 kilómetros de frontera con Afganistán, indicó este lunes que quería mantener «relaciones amistosas» con los talibanes, un día después de que entraran en Kabul y provocaran la desintegración del gobierno. China respeta el derecho del pueblo afgano a decidir su propio destino y futuro y desea seguir manteniendo relaciones amistosas y de cooperación con Afganistán», dijo a la prensa una portavoz de la diplomacia china, Hua Chunying.
La portavoz precisó que la embajada china en Kabul «sigue funcionando normalmente. El poder chino calificó en las últimas semanas de «irresponsable» la retirada de Estados Unidos de Afganistán, al temer una guerra civil en este país vecino. Y es que China sumó también en 2016 a Afganistán a su gran proyecto de infraestructuras de las «Nuevas rutas de la seda». Pero, a falta de seguridad, las inversiones chinas han sido modestas: 4.4 millones de dólares en 2020.
Afganistán se encontraba este lunes en manos de los talibanes, que en un tiempo récord han logrado hacerse con el control del país y entraron el domingo finalmente a Kabul, lo que provocó el colapso del gobierno y la huida del presidente Ashraf Ghani.